Habiendo pasado la
“efervescencia” emocional de la “Copa América” en el Perú, queda reflexionar en
torno a éste fenómeno social. Las interrogantes: ¿El fútbol que dejó en la
conciencia social del aficionado?, ¿el fútbol peruano ya no depende de los “cálculos
matemáticos” (calculadora)?, ¿Habrá quedado atrás la frustración del “jugamos
bien, pero perdimos” o “casi ganamos”? o ¿Será que el fútbol peruano pasó de lo
impredecible y “gitano” rendimiento a la era de regularidad y estatus de
selección competitiva? Al parecer la afición se aferra a la idea de lo impredecible que es el rendimiento deportivo, para renovar su emoción, esperanza e identidad; revelando la necesidad de sentirse “ganador”; por otro lado, quedó la intolerancia y sensibilidad de la afición frente a los pesimistas y realistas, señalado como “antiperuano” por no creer en la selección.
El mensaje que dejó el fútbol fue: Perseverar ante la adversidad, levántate si sufriste una caída, la unión hace la fuerza siempre que confíes en ti, unidad familiar y sintonía social con identidad y autoestima. La emoción del fútbol se hace referente a la generación de jóvenes peruanos, menores de 25 años, que empieza a creer y confiar que ¡si se puede!; la generación mayor de 45 años va dejando el pasado glorioso para vivir un presente renovado; mientras la generación entre 26 a 44 años, se mantiene expectante, aunque en duda, de lo que ve.
Queda vivir en el presente y esperar los próximos “capítulos” que escribirá el deporte peruano a nivel internacional.
Mg Franz Rivera
Mansilla
Psicólogo Deportivo