
La relación deportista - entrenador
durante un lapso de tiempo (meses), compartiendo el trabajo, la agonía, los gustos
y disgustos, generan condiciones para que el entrenador sea influyente
constructor del carácter o un moldeador de la personalidad.
La personalidad del coach puede
moldear a la del individuo con el que trabaja; mientras más joven sea el
deportista, mayor es la posibilidad de influenciar, así conforme vaya madurando
y tomando experiencia es más resiste al cambio. Se hace indispensable que no
solo comprenda las diferencias individuales de sus deportistas; sino también,
conozca su propia personalidad; aunque siempre es difícil ser “objetivo” acerca
de sí mismo, puesto que la mayoría de personas tiende a ignorar sus defectos y
a justificar su posición de una u otra forma.
Como autoridad y líder, a veces es
renuente a admitir que el éxito y la buena atmosfera educativa para el
deportista se basan en su habilidad para cambiar y adaptarse; y no solo insistiendo
en que los ajustes de la personalidad deben ocurrir de parte de los
deportistas.
Su personalidad afecta la “filosofía”
del deporte y a su vez se refleja en el grupo deportivo con el cual tiene
íntima relación. No existe el coach “ideal”, ni tampoco quien sea completamente
eficiente; siendo el éxito un elemento dependiente de ciertos elementos como: talento,
técnica, circunstancia, personalidad, entre otros.
La mayoría de entrenadores considera
el método de probar y fallar (ensayo – error) para alcanzar medios más
efectivos de manejar a sus deportistas.
Mg. Franz Rivera Mansilla
Psicólogo Del Deporte