Giovanni Trapattoni: “los entrenadores son como el pescado, pasado un tiempo empiezan a oler”, hace referencia a la dura labor que significa dirigir y es que muchos entrenadores piensan que es un atributo el ser apreciado por sus deportistas, pero probablemente preferirían ser respetados; el cual se trasluce en ausencia de indisciplinas o comportamientos adversos; por lo general se quiebra poco las reglas, existen menos peleas y signos de discrepancias, no hay “sabotaje” a la autoridad, y si ocurriera, los miembros del grupo “regulan” al infractor.
El tiempo en el cargo de un entrenador, son ciclos dados por resultados y experticia de liderazgo. No se puede estar seguro del grado de respeto que el deportista profesa; y solo tiene su comportamiento, actitudes y palabras para intentar ganar y mantener el “respeto”. Algunas fuentes de “respeto” son: conocimiento amplio, un experto que dé soluciones; interés sincero por el bienestar del deportista; imparcialidad y objetividad para dar oportunidades; modelo y símbolo de madurez, adherido a sus reglas.
“La influencia que la vida de una persona ejerce sobre la de otra, es incalculable” (Ralf Bunche); pues un grupo deportivo o deportista, suele reflejar en el juego el “espíritu” del entrenador (su personalidad); pero la formación del carácter y del espíritu combativo del deportista, no solo depende del entrenador, pues éste nace y se forja junto al entorno (familia, amigos, entrenador, dirigente y otros), desde los primeros años de práctica deportiva.
El “Espíritu Combativo” es la actitud favorable hacia el proceso y progreso deportivo, determinada por la aspiración indomable a la lucha, a la victoria, al logro de los objetivos en competencias, la concentración extraordinaria, la entrega total; ésta evidencia la reserva de energía del deportista y permite lograr un nuevo resultado, a menudo, inesperadamente alto. Gracias al espíritu combativo se han logrado proezas personales y deportivas.
Mg. Franz Rivera Mansilla
Psicólogo Deportivo
@franz.riveramansilla