El Presidente M. Vizcarra, anunció para octubre el inicio de la 4ta FASE de reactivación económica; así, el deporte inicia actividades en clubes y asociaciones deportivas, realizadas al aire libre y de carácter individual o en pareja; además de pesca deportiva, deportes náuticos y guías de montaña, todo con aforo al 50% y respetando protocolos. Las actividades deportivas al aire libre, deben ser de forma individual o en pareja, permitida en parques, centros de esparcimiento, clubes zonales u otros que sean autorizados, como una manera de promover la salud mental y física de la población, siempre que no implique contacto físico y se respete la distancia social; para ello, los gobiernos locales en coordinación con la PNP, adoptarán medidas de control y vigilancia (dice la norma), pero ¿ya se tendrán las estrategias y los espacios para las actividades deportivas?
Las “pichangas” en Argentina son vinos que no han terminado de fermentar, en Chile un plato típico de la cocina popular; pero en el Perú son los “partidos informales de fútbol”. En octubre se descarta toda actividad deportiva en grupo, como deportes colectivos de contacto (fulbito, básquet u otros). Igual en pandemia, la desobediencia a la norma ha sido una constante y lo más difundido, y ¿se entenderá que aún no es el momento de la “pichanga”?
Antes la costumbre dictaba “del fulbito al full-vaso” donde la actividad sana, recreativa y productiva terminaba en licor, deseándose “salud” unos a otros, y posiblemente llevando conflictos innecesarios al seno familiar. Y ahora, habiendo pasado más de 160 días en cuarentena, aún con vida y salud, será ¿qué la actividad física es un privilegio?; pero no aceptar la “nueva normalidad” abre paso a contemplar el entendimiento y a descubrir las justificaciones, y ¿sería posible “fijarnos” o mejor, sobredimensionar, las buenas acciones y costumbres deportivas? pues “todos los grandes cambios están precedidos por el caos” (D. Chopra) ¿o no?
Mg. Franz Rivera Mansilla
Psicólogo Deportivo
@franz.riveramansilla