En el 2017 se estudió
los factores asociados al sedentarismo en 187 estudiantes de 16 a 20 años de
educación superior en Lima, fijándose el sedentarismo en 65,8% con vínculo significativo
en factores nutricionales, sobrepeso/obesidad y rendimiento académico moderado
(Navarrete, Pedro); el mismo año, en Arequipa se indagó las actitudes y hábitos
físicos deportivos en 408 estudiantes universitarios de Psicología de 17 a 19
años; hallando 6 de cada 10 personas que ven poco o nada importante los hábitos
físicos deportivos y al 65% les desagrada la educación física y deporte
(Rivera, Franz). El 2018, el Portal de Salud en Casa mencionó que más del 80 %
de jóvenes en el Perú, no llega a cumplir con el cupo de actividad física necesaria
para su salud (Almerí, Marco).
Los datos van a favor
del sedentarismo previo a la pandemia, y en cuarentena ¿habrá incrementado los
índices de “inactividad” en jóvenes y población en general? Si evaluamos el
“conflicto” que generó el encierro en quiénes tienen hábitos de actividad
física – deportiva; y el hecho de menguar, aún más en actividad y movimiento de
quiénes en general no están vinculados al ejercicio y deporte, pareciera que el
“juego” va en favor del sedentarismo. Y si agregamos los factores psicológicos
unidos al encierro como la preocupación, ansiedad, depresión, estrés, miedo u
otros; o los cambios en consumo y cantidad de alimentos, puede que el
sedentarismo “ganó” más espacio; en tanto, el deporte y actividad física
seguirá siendo un “remedio oculto” de la mente y el cuerpo.
El vínculo con el
deporte va con “una gran cantidad de personas que no tiene iniciativa porque no
tuvo experiencias corporales atractivas, ni un disfrute del cuerpo; por eso,
por indicación médica o ante la llamada que le produce la enfermedad, se ponen
hacer ejercicio, pero se sostiene en la actividad poco tiempo” (Garcia, Francisco).
Pero ¿el reto de aportar salud en el individuo será de la familia, gobernantes
o de todos?
Mg Franz Rivera Mansilla
Psicólogo Deportivo
@riveramansilla