Los espectáculos deportivos tienen una asistencia garantizada de familiares,
amistades cercanas a los protagonistas e hinchas fieles, que en suma son pocos;
analicemos el fútbol “pasión de multitudes”.
El nivel competitivo
del fútbol nacional al ser comparado con el internacional, opaca e inhibe intereses;
por otro lado, el éxito a nivel nacional, renueva expectativas (“es fútbol y
nunca se sabe”) que son neutralizadas por los resultados negativos internacionales,
que desaniman y alejan aficionados. El aficionado siempre exige más y anhela un
“buen espectáculo” con triunfo o sacrificio, y si no logra verlo, se desanima.
Las costumbres
cambian junto a las generaciones, y los arraigos de equipos “tradicionales” también.
El aficionado compromete su asistencia evaluando el acceso, diversión,
comodidad, trascendencia y economía; donde pierde el fútbol entre varias alternativas
de “diversión” (cine, juerga, comida o una tarde de películas).
La tecnología
facilita el acceso a espectáculos deportivos, siendo preferido la trasmisión virtual,
televisiva o un resumen de resultados. Al margen de difusión y costos, el
consumidor de espectáculos deportivos, posiblemente ha cambiado; pero los
espectáculos deportivos siguen siendo los mismos.
En la sociedad
el deporte no es una prioridad, la diversión sí; y si pocos hacen deporte y el
deporte interesa poco, el espectáculo interesara aún menos (salvo excepciones).
Si el fútbol tiene pocos espectadores, imagínense otros deportes que son casi
“invisibles” para a la sociedad.
Mg.
Franz Rivera Mansilla
Psicólogo
del Deporte